01 noviembre 2007

Todos los Santos en la empresa

Hoy es 1 de noviembre, día de Todos los santos. O de los difuntos, o de los muertos, según a donde nos refiramos. Día elegido para recordar a los que ya no están “entre nosotros”. Bueno, incluso eso va por barrios.

Este es un día que nunca me ha gustado. Quizás por el aire solemne, gris, frío con el que siempre lo he asociado. Día triste, donde la sociedad para, calla y donde el único color se encuentra en las flores de los cementerios. Cementerios, lugares inhóspitos que tampoco nunca me han gustado. Quizás porque los que he conocido más cercanamente no eran más que laberintos de cemento y mármol; armarios donde aparcar cuerpos. Y es que el precio del suelo no respeta ni a los muertos.

Reflexionando lo que no me gusta de este día es quizás la fórmula elegida: recordarlos desde la tristeza, desde la falta. Visitando, además, lo que queda de ellos.

Todas las culturas han tenido celebraciones para recordar, honrar y agradecer a sus antepasados. Ya que de ellos hemos heredado lo que somos. No somos más que su punta de lanza. Si miramos nuestra existencia desde un punto de vista más lejano, o más amplio en el tiempo, somos un eslabón más en una cadena que tiene vida y sentido propio. Somos parte de esa colectividad, y cumplimos una función para esa colectividad o sistema familiar/social. Esta es la mirada sistémica.

Mucho de lo que somos, lo bueno y lo malo (valoración completamente subjetiva y personal), se lo debemos a nuestros anteriores. No heredamos sólo genes. Ocupamos un lugar en dicho sistema y los avatares de dicho sistema no nos son ajenos.

De ahí, que lo que yo preferiría, y así lo estoy haciendo en este momento, es CELEBRAR, AGRADECER a mis anteriores que lo fueran. Sin ellos, yo no estaría aquí. Y hacerlo desde la ALEGRÍA. Lo mismo ocurre para los posteriores o pares, a quienes también se recuerda este día ya que partieron antes de lo esperado. También somos lo que somos gracias a ellos, ya que forman parte de nuestro sistema familiar y hemos crecido y nos hemos enriquecido de ellos.

Pero lo que todavía hecho más de menos es la celebración de este día de todos los santos en las empresas (organizaciones). La empresa en cuanto a sistema que es, se comporta de una manera similar. A diferencia de la familia, en la que la pertenencia al sistema es para siempre, en las organizaciones un entra, permanece y en algún momento sale del sistema. En función de la relevancia de lo aportado al sistema, su pertenencia puede perdurar más o menos en el tiempo. Pero todo el que ha pertenecido ha aportado algo de sí, y lo que la organización hoy en día es, se debe a lo que todos fueron aportando a lo largo de su existencia. De ahí la importancia de AGRADECER y RECONOCER a todos los que pertenecieron. Todos dieron los mejor que pudieron y supieron en aquel momento, aunque con otros ojos y en otro momento no podamos entenderlo. Una empresa es algo más que la marca, el edificio, la maquinaria y las personas que actualmente la forman. Lo que conocemos como Cultura no es más que una manifestación de las relaciones que conforman ese sistema. Es la depositaria de la memoria del sistema. Y es bueno mantener dicha memoria, en vez de mirar fragmentadamente la situación actual como algo aislado. El sistema tiene memoria, por lo que todos los hechos cuentan. Las injusticias tarde o temprano, aquí o allá, se pagan, pasan factura. El sistema no tiene prisa y perdura a las personas aisladas, y finalmente se equilibra. De ahí el riesgo de des-humanizar y des-sistemizar las organizaciones. No son más que fugaces delirios de grandeza.

Mi propuesta es celebrar en vez del Día de Todos los Santos,
el día de Todos loS antes.


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05 octubre 2007

El éxito

"El éxito es una actitud"

Esta reflexión que compartió con nosotros una compañera en una jornada sobre inteligencia emocional me pareció y me sigue pareciendo muy inspiradora.


Inspiradora y liberadora, porque devuelve el poder a cada uno de nosotros. Pone el acento, no en resultado, ni incluso en el camino, sino en uno mismo, en el sentido o significado del propio camino. Y esto es algo que nos pertenece. Y está al alcance de todos nosotros.


Por lo que, ya sabes:

¡Tú mismo decides si quieres ser alguien de éxito!


P.D.
Y pongo acento en el SER de éxito y no TENER éxito, ya que de lo contrario corremos el riesgo de volver a caer en definiciones limitantes de nosotros mismos dando el poder al afuera (tener) en vez de al adentro (ser).


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26 febrero 2007

Aprendiendo de un bebé (I): La Paciencia

Estoy encontrando que ver crecer a un recién nacido es una buena manera para descubrir algunas de las características de los humanos, es decir, nosotros. Vamos, a conocerme mejor. A redescubrirnos.


Resulta que tiene ahora 74 días, y hasta hace poco tenía un funcionamiento digital: o dormía, o comía o lloraba. Pasaba de un estado a otro en un par de segundos, lo que nos dejaba atónitos. Pasaba de estar dormido a despertarse y llorar de hambre desconsoladamente. Estaba totalmente conectado con su necesidad momentánea. Vamos Aquí y Ahora en estado puro.

Pero ahora ha dado un paso evolutivo fundamental: Ha desarrollado la Paciencia, la capacidad de postergar su necesidad (aunque de momento no sea mucho). Se está “analogizando”. Y esta es una capacidad, habilidad o lo que sea, que marca una diferencia. ¿Será esto el inicio del Autocontrol? Los estudiosos de la psicología dicen que aprender a postergar las satisfacción de una necesidad o de una recompensa, nos hace más poderosos, más libres. Es parecido a pasar de reaccionar a responder, es decir, introducir un momento de reflexión (elección) entre estímulo y respuesta.

Se ve que está pasando de ser un ser reactivo a responsivo. Bueno, quizás esto es algo excesivo. No creo ser un observador muy objetivo…

Y es que la paciencia es un elemento fundamental para cualquier actividad. Nos permite salirnos de la visión cortoplacista, levantar la mirada y orientarnos al futuro. Evitar el pan para hoy y hambre para mañana. El aprender a perseverar. A que los atajos no siempre son el camino más corto al objetivo. Es una de las herramientas del líder. Del líder que somos cada uno de nosotros.

¿Será que algunas personas y empresas, se perdieron esta fase de desarrollo?¿O la han olvidado?

Bueno, ya era hora que desarrollara un poco de paciencia él mismo, porque a los demás bien que nos la ha hecho desarrollar… ;)

Próxima entrega: Aprendiendo de un bebé (II): La Sonrisa


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Foto vía Akela

18 febrero 2007

El bastón

Tenía guardado pendiente de comentar un artículo de opinión que publicaban el domingo anterior 11 de febrero en el suplemento de infoempleo, Mercedes Costa García (Directora del Centro de Negociación y Mediación) y Mariana Segura (Profesora de Negociación y Comunicación del Instituto de Empresa).

¿Por qué llamarle negociación si queremos decir…?

Lo publico íntegro. Los destacados son míos.

Asistimos en la actualidad a un continuo ir y venir de noticias que aluden a las más variadas acepciones del concepto de “negociación”. Se habla de negociar con unos y con otros, de negociaciones políticas que no han hecho más que empezar, de “ruptura de las negociaciones si no se cumplen determinados compromisos, se alude también a las grandes negociaciones entre empresas y cómo no, a largos procesos de negociaciones laborales colectivas. Hemos de reconocer que en muchos casos la tarea no es nada fácil. ¿Cómo vamos a negociar con personas a las que detestamos? ¿Cómo renunciar voluntariamente a la dureza del enfrentamiento si otros no lo hacen? ¿Cómo ser realmente un negociador cuando la mayoría no actúa como tal?

Parecería que, por una parte, todos quisiéramos apostar por la convivencia de resolver los conflictos de forma negociada, pero por otra, nos costara abandonar la ley del más fuerte. Pero ¿sabemos realmente en qué consiste negociar? El punto de partida es aceptar que la negociación es una forma compleja de resolver las diferencias entre personas. No consiste en imponer ni someterse y no se reduce a la más burda de las acepciones del término, el “regateo” o “mercadeo” competitivos. Negociar es un proceso de interacción en el que las partes, conjugando mecanismos de influencia y persuasión, persiguen alcanzar un acuerdo adecuado que satisfaga sus intereses. Por eso la clave de toda negociación es delimitar qué supone ese proceso de interacción entre partes, qué condiciones son necesarias para que la persuasión tenga lugar, así como, qué tipo de acuerdos son aquéllos que satisfacen los intereses en juego.

¿Qué pasa si deslegitimamos por completo a nuestros interlocutores? Esta frecuente práctica discursiva de la que hacen gala con frecuencia políticos, periodistas y personajes públicos a la hora de identificar a sus oponentes muchas veces no es compatible con sus posteriores pretensiones de negociar algo con ellos. ¿Cómo es posible hablar de acuerdos entre partidos, de consensos de opinión entre sectores sociales? ¿Cómo es posible confiar a la palabra la difícil tarea de definir espacios para la convivencia, si empezamos por negar a nuestro interlocutor esta condición? Cualquier negociación implica un proceso de influencia mutua y para conseguir es influencia no son equivalentes unas formas y otras. Para gritar, amenazar o vencer por la fuerza sólo es preciso disponer de superioridad y falta de escrúpulos. Sin embargo, para negociar es necesario algo más.

El requisito imprescindible para negociar es el reconocimiento mutuo del interlocutor como parte legítima para disentir, tener otra visión del mundo y defender unos intereses diferentes a los nuestros. A la hora de negociar debemos ser capaces de orientar el diálogo al logro de los objetivos prefijados, pero, al mismo tiempo cuidar del proceso y la relación con el otro. Las partes deben trabajar en un único marco que haga lo más eficiente posible la tarea orientada a resultados y optimice las posibilidades para el conocimiento mutuo, la creación de valor y el crecimiento ético y personal en la mesa de negociación. En una negociación, las partes deben respetarse como “semejantes que conversan” y conocerse como “diferentes que dirimen sus diferencias”. De esta forma conseguiremos que el diálogo se eleve y enriquezca alcanzando unos parámetros de escucha, respeto mutuo y calidad discursiva. Sólo así podremos hacer del diálogo algo realmente superior a un grito que intenta callar a todo aquel que no grita en sintonía. Sólo así estaremos ante una negociación.




Me parece un artículo redondo. Recoge ideas que abundan por aquí:

La conversación como elemento activo y transformador
El respeto como la aceptación del otro como legítimo, diferente y autónomo.

Podríamos extrapolar el concepto de negociación al de coordinación de acciones que propone el coaching ontológico, porque si partimos del respeto como manera de relacionarnos, cómo podemos coordinar acciones con los demás si no es negociando?

Si quiero acordar algo con el otro debo abrirme a entender su mundo, sus inquietudes, sus búsquedas. Y cuando digo abrirme no es sólo a entenderlo, sino a que me cambie mi propia visión y mis posiciones. Para el encuentro con el otro tendré que crear espacios nuevos, diferentes a nuestras posiciones de partida.

Negociar = ganar/ganar. Se trata de basarnos en un modelo de abundancia, en vez de escasez.


Como contaba Stephen Covey en El Octavo Hábito con El bastón de mando Indio, procedimiento para toma de decisiones recogido de una de las tribus indígenas de Norteamérica:
Cada uno va exponiendo su punto de vista. Toma el bastón de mando. Los demás escuchan. Entonces los demás tienen que devolverle lo escuchado al que tiene el bastón, hasta que éste sienta que ha sido comprendido suficientemente. Cuando esto ocurre, pasa el bastón al siguiente.
Este procedimiento fuerza a que el otro se haga cargo de mis inquietudes y de mi visión. Muchas veces con el simple hecho de entender sinceramente la posición del otro, los conflictos se desvanecen o se abren nuevos cauces de solución.

¿No es esta utilización del bastón mucho más productiva para todos que la habitual?

Espero que a utilizar así el bastón le enseñen a Félix en Boston, a donde va a hacer un curso de negociación en la Harvard School of Law. Suerte.



technorati ,

07 febrero 2007

Crear espacios


Si quieres que algo ocurra en tu vida, hazle un espacio. Un espacio físico. Un espacio emocional. Un espacio en tu ajetreada mente. De otra manera no ocurrirá.

El aprender a crear espacios es una competencia muy importante para alguien que quiere liderar su vida o su trabajo.

Espacios de aprendizaje. Espacios de reflexión. Espacios de debate. Espacios de encuentro. Espacios de intimidad. Espacios de relax. Espacios de diversión. Espacios en blanco.

Dichos espacios los ganamos en base a estar atentos a nuestras necesidades, escucharlas y con todo el respeto mostrarlas.

No te preocupes por los demás. Cuando creas dicho espacio, lo haces accesible para los demás. Tomarnos nuestro espacio implícitamente da permiso a que los demás lo hagan. Es una invitación abierta. Los demás te lo agradecerán.

¡Crea espacios!


Actualización 8/02/07:

Como bien trae Joserra a este espacio, una vez creados los espacios, éstos están vivos, interactúan entre ellos, evolucionan, menguan o crecen. Y como apunta Tochismochis (o por lo menos a mí me lo ha sugerido) hay que aprender también a cerrarlos, no nos vayan a ahogar.

technorati

01 febrero 2007

Alí de Razgo

Érase una vez un joven emprendedor empeñado en descubrir qué era eso del Liderazgo ya que había oído que encerraba la llave secreta hacia el éxito. Preguntó a todos los sabios y gurús que encontró en su peregrinar qué era eso del Liderazgo, dónde podía hallarlo, si él era digno de ello, pero lo que recibía de ellos no eran más que consignas e ideas él no era capaz de entender. Cruzó mares y océanos, escaló montañas y atravesó desiertos. Pero no encontró la respuesta. Llegado ese punto, desistió y se resignó pensando que eso del Liderazgo era algo que no estaba a su alcance. Ni los sabios habían sabido responderle si Líder se nace o se hace. Quizás él no había nacido para serlo; ni para convertirse en ello.
En estas, un viejo sentado a un lado del camino, le preguntó por su desdicha. Cuando escuchó la infortunada búsqueda del joven, éste con una amplia sonrisa le respondió:
¿Qué es el Liderazgo?¿Y tú me lo preguntas? Liderazgo eres tú.

Bueno, ya sé que es un poco cursi, a lo Jorge Bucay o Paulo Coelho pero en chusquero, pero no es más que una escusa para decir que líder se nace, porque si no has nacido ¡cómo cóño vas a ser líder ni nada!

No, en serio, todos somos líderes. Todos lideramos nuestra propia vida, o parte de ella, o durante algún tiempo, o en algunos ámbitos. Todos tenemos inherente la capacidad de hacernos cargo de nosotros y de lo que ocurre, y en función de ello tomar nuestras propias decisiones. Sí, es cierto que podemos tener algunos aspectos de nuestro propio liderazgo adormilados. La cuestión es recuperarlos, despertarlos.

Ser líder no es ni más ni menos que estar en contacto con nuestro poder interior y desde ahí conectarnos con el poder de los demás, y con esa sinergia conseguir lo mejor.
Todos podremos recordar alguna situación que aparecimos con nuestra autenticidad, en un estado de concentración total con nosotros mismos, con la determinación que nos daba el ver claro lo que teníamos que hacer, con la ayuda de otros que se nos sumaron sin tener ni que intercambiar una palabra y dispuestos a perseverar aunque surgieran dificultades.
Comprensión global, propósito superior e interdependencia.

No hace falta fijarnos en los denominados líderes mundiales. Estamos rodeados de líderes. De héroes, porque como nos contaba Robert Dilts, todos nosotros realizamos nuestro propio Viaje del héroe.

Honremos por tanto el líder que todos llevamos dentro. Y aprendamos a sacarlo y que brille lo máximo posible para que así inspire a los demás a que también lo hagan.

La cuestión no es si eres o no un líder, sino cómo puedes mejorar tu liderazgo.


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P.D. La foto es de alejocock

30 enero 2007

Amar al empresario


amar al empresario. Quiero aquí romper una lanza a favor de esas personas emprendedoras, que a partir de un esfuerzo y riesgo personal han creado esas empresas (PYMEs) que generan el 80% de la actividad económica y procuran puestos de trabajo a la mayoría de las personas asalariadas.
Personas que en un momento dado, creyeron en una idea y se jugaron por ella. Personas que han sufrido en carne propia los avatares del mercado, de la economía y de la sociedad.
Personas que en su momento plantaron una semilla, y es justo que recojan la cosecha.
En el fondo… personas.

Y cuál es el reconocimiento que reciben por haber creado la estructura y las condiciones para que otros puedan trabajar y ganarse la vida…ninguno.

Están al otro lado de la línea que define a los buenos (nosotros, pobres asalariados, explotados, en manos del capital, recursos humanos …y toda esa retahíla de quejumbrosidades) y los malos (ellos, malvados, descorazonados, tacaños, malintencionados …, es decir, los requetemalos).

Curiosa línea flexible, que en la medida que uno progresa, se desarrolla y amplía sus funciones, traspasa sin saberlo, hasta que llega un día en que los que eran tus colaboradores te hacen el vacío. ¡Acabas de pasar de bando!.

Relación basada en el frentismo. Nada une más que un enemigo común. Construyo mi identidad, con la negación del otro.

Y es que es un recurso fácil reírse, criticar o distanciarse del jefe, del empresario, de la empresa, del director de RRHH. Ponernos en el bando victimista del bien (que está bien nutrido, como quien se siente arropado en la grada para poder insultar al arbitro) y desde ahí desahogar a gritos mi frustración. En el fondo puede que me sienta más cómodo en dicha frustración que crear mi propio proyecto. Si lo hiciera, quizás y sólo quizás, empezara a comprender a esas personas “empresarios” y los viera con otros ojos. Es como los hijos que empiezan a comprender a sus padres cuando ellos mismos se convierten en padres.

Quizás sea eso, una cuestión de madurez.

Madurez para entender que un empresario tiene aspectos: la persona y la función.
Así como la primera es merecedora del respeto (y nadie se lo niega, afortunadamente), la función también lo es.

A nivel sistémico, el empresario o fundador tiene una importancia capital ya que es el que ha posibilitado que dicho sistema exista. Ha creado la estructura y los medios para que los demás puedan realizar su función, por lo que le corresponde el primer lugar en el orden o jerarquía del sistema.

Esa función es fundamental y su aportación debe ser reconocida por el sistema. Si no lo es, el sistema funciona disfuncionalmente y la energía disponible no se canaliza correctamente y se convierte en problemas y perturbaciones que de manera invisible obstaculizan la actividad de dicho sistema.

Si nos centramos en las funciones en un sistema (organización, empresa) y no en las personas, veremos que éstas no actúan por separado e independientemente, sino que están ligadas e interrelacionadas (que para que uno actúe de forma paternalista tiene que haber otro que actúe como un niño). Que unas necesitan de las demás para hacer lo que hacen, sea productivo o improductivo. Que dichas funciones están al servicio del sistema y muchas veces ejercen fuerzas mucho más fuertes que las que pueda hacer la persona concreta que cumple dicha función. En muchos casos la función está por encima de la persona.
Seguro que se nos ocurren muchos ejemplos de puestos por los que han pasado diferentes personas con diferentes perfiles y características, y han obtenido los mismo resultados. Estaban sujetos a poderosas (e invisibles) fuerzas del sistema que les condicionaban.

Todos tomamos las mejores opciones disponibles. Cuáles estén disponibles muchas veces depende de nuestro propio sistema de creencias y nuestra manera de mirar. Aun así, todos nos movemos por una intención positiva (aunque a los demás pueda no parecérselo). ¿Por qué si uno lo hace, no se le concede esa misma intención al otro, al diferente, al del otro lado de la línea, al empresario?

Existen funciones en los sistemas que no son fáciles, o por lo menos están sujetos a muchas presiones. Y creo que la del empresario es una.

Como decía Steven Covey: ¡No critiques a tu jefe, compleméntale!

Es decir, Sé el líder de tu jefe.

P.D. Bueno, líder no, que a Julen no le gustan (Ah , que sólo era en los equipos ;)
P.D. 2. Lo de la foto, es por provocar, así el reto es mayor.



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